El uso de la toxina botulínica (conocida popularmente como bótox) está relacionado desde el principio con la Oftalmología, de hecho, fue su primera aplicación. Actualmente, es el tratamiento “estrella” de la medicina estética y también se emplea con éxito en otros ámbitos médicos
El nexo entre el bótox y los ojos en general y los párpados en particular se da en una doble dirección: por un lado, esta sustancia (toxina botulínica) se emplea en el tratamiento de algunas afecciones oculares que implican a los párpados; y, por otro, esta zona del ojo es el escenario de uno de los efectos secundarios que puede producir el bótox cuando se utiliza con una finalidad estética.
Aunque el uso de la toxina botulínica en los párpados es bastante seguro, su posible efecto secundario -poco frecuente y temporal- consiste en la expansión de una pequeña cantidad de esta sustancia a la zona, “cerrándolo” y produciendo un antiestético efecto.
¿Qué es el botox?
El bótox procede de la misma toxina (Clostridium botulinum) que, ingerida a través de los alimentos contaminados por ella, puede producir parálisis. Este efecto -la paralización temporal de la actividad muscular- fue utilizado “en positivo” por primera vez en el campo de la oftalmología, aplicando de forma tópica esta sustancia para el tratamiento del estrabismo y el blefaroespasmo.
Su uso cosmético fue posterior, siendo aprobado en 2002 por la FDA norteamericana como sustancia para el tratamiento de arrugas y signos de expresión asociadas al envejecimiento.
Cuando se inyecta en dosis pequeñas y zonas específicas, la toxina botulínica bloquea las señales entre los nervios y los músculos, lo que produce como consecuencia una relajación temporal de los músculos implicados.
Actualmente, la toxina botulínica tiene otras muchas aplicaciones además de la oftalmológica y es una opción efectiva en el tratamiento de algunos problemas:
- Bruxismo: El bótox es una de las opciones terapéuticas que se emplean actualmente para el abordaje del bruxismo. Se aplica en los músculos maseteros y temporales. Esta sustancia actúa como un relajante muscular durante aproximadamente seis meses, afectando solamente a los músculos masticatorios en los que se infiltra.
- Hiperhidrosis: Se emplea en los casos en los que los antitranspirantes no resultan eficaces para controlar el exceso de sudoración. Se aplica mediante pequeñas infiltraciones en varios puntos de la zona a tratar: axilas, palmas de las manos y plantas de los pies. El efecto dura una media de 5-7 meses, en función de las características personales.
- Cicatrices queloideas: En combinación con otras técnicas, el bótox se utiliza para mejorar el aspecto de estas cicatrices, que suelen ser muy antiestéticas.
- Rosácea: Se aplica bótox mediante pequeñas inyecciones en la zona afectada por este problema dermatológico, generalmente en combinación con otros tratamientos. Su uso mejora notablemente el estado de la piel.
Ventajas del Botox
Independientemente de la finalidad de su uso, el bótox aporta una serie de ventajas que explican, en gran medida, su popularidad:
- Es una técnica mínimamente invasiva.
- Su aplicación es prácticamente indolora, ya que se administra mediante unas agujas muy finas y, en algunos casos, con anestesia local.
- Se realiza de forma ambulatoria y en apenas unos pocos minutos.
- Los efectos se aprecian en poco tiempo (generalmente, en los días siguientes al pinchazo).
- El resultado es reversible, ya que el efecto desaparece con el paso del tiempo (dura entre 3 y 6 meses, según el tipo de bótox, las características del paciente y la zona en la que se aplica).
- Tiene pocos efectos secundarios y la gran mayoría de ellos son leves y transitorios.
Toxina botulínica y zona ocular
Según se explica desde la Academia Americana de Oftalmología (AAO), el bótox se utiliza actualmente en un amplio repertorio de patologías y problemas oculares, entre ellas:
-Estrabismo. La inyección de esta sustancia en ciertos músculos del ojo puede restaurar la alineación de ambos ojos, alterada por esta patología.
-Blefaroespasmo. En el caso de las contracciones musculares involuntarias que dificultan la apertura del ojo (impactando notablemente en la calidad de vida), inyectar bótox relaja los músculos que causan los espasmos en los párpados. Su aplicación alivia notablemente la sintomatología y mejora la apertura del ojo en estos pacientes.
-Lagrimeo excesivo (epífora). La aplicación de bótox proporciona un alivio importante en los casos en los que los ojos producen demasiadas lágrimas durante un periodo prolongado o cuando una obstrucción impide la salida de las lágrimas.
-Entropión. Esta afección se produce cuando los párpados se vuelven “hacia adentro”, provocando que las pestañas rocen repetidamente la parte frontal del ojo y dañando la córnea. El bótox “reposiciona” el párpado y relaja ciertos músculos, aliviando así las molestias.
-Queratitis filamentosa refractaria. Esta enfermedad provoca que en la córnea se formen pequeños filamentos de células muertas, produciendo dolor y sensación de que “algo se ha metido en el ojo”. En este caso, la aplicación de bótox proporciona un alivio más prolongado.
En el caso de su aplicación oftalmológica, el bótox comienza a actuar entre uno y tres días después de la inyección, observándose los efectos máximos pasados 7-14 días. Las características del tratamiento dependen de cada paciente, pero por lo general, los efectos de la toxina botulínica sobre la afección ocular duran entre tres y cuatro meses.
Bótox, el tratamiento estético más demandado
Según los datos de un estudio llevado a cabo por la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), de los 626.778 tratamientos de medicina estética que se realizaron en España en 2021, el 42% tuvo que ver con aplicaciones de la toxina botulínica. Su capacidad de suavizar la contracción del músculo para difuminar las arrugas y “revivir” la expresión facial es su gran baza frente a otras opciones cosméticas.
En la zona ocular, el bótox tiene beneficios estéticos cuando se trata de rejuvenecer la mirada y mejorar el aspecto de los párpados caídos (como consecuencia de la pérdida de tono, el descenso de la glándula lagrimal y el exceso de grasa asociados al proceso de envejecimiento).
En este caso, forma parte del tratamiento de rejuvenecimiento periocular, que consiste en infiltrar la toxina botulínica en algunos músculos de esta zona para relajar la expresión y minimizar las arrugas faciales dinámicas (las producidas por la gesticulación) que aparecen en el entrecejo, la frente y en forma de patas de gallo. También se emplea el bótox encima de la ceja, con el objetivo de “elevar la cola” y “abrir” la mirada.
El efecto que produce la aplicación de la toxina botulínica en esta zona es la relajación y/o tensado de la piel, mejorando notablemente el aspecto de esta zona y “camuflando” los principales signos asociados al envejecimiento.

Duración del párpado caído como efecto secundario
Todos los expertos en el manejo de esta sustancia coinciden en que el bótox es una técnica relativamente segura, siempre y cuando sea aplicado por profesionales debidamente cualificados y en centros que reúnan todas las garantías, siendo las complicaciones poco frecuentes y temporales.
Entre los efectos secundarios más habituales se encuentran la hinchazón y/o la aparición de moratones en la zona de aplicación y que, por lo general, desaparecen pocas horas después de la infiltración.
En raras ocasiones, puede ocurrir que la sustancia se extienda a los tejidos circundantes del lugar en que se aplica el bótox, dando como resultado un párpado caído no deseado.
Este efecto, que ocurre en menos del 1% de los pacientes, es más frecuente en las personas con epífora o lagrimeo excesivo y también en las ya han sufrido previamente una caída de párpado o son más sensibles a la toxina botulínica. Asimismo, es más habitual cuando el bótox se infiltra en la frente (sobre las arrugas horizontales).
En esta circunstancia, el bótox se expande al músculo frontal, “relajando” la ceja en exceso y presionando el párpado superior, haciendo que éste descienda.
También puede darse este efecto cuando el bótox se aplica en el entrecejo (tratamiento de las líneas glabelares) y la toxina botulínica se desplaza hacia el músculo elevador del párpado superior, “paralizándolo” y propiciando su caída.
Generalmente, esta complicación es debida a un exceso de producto o a que el paciente no sigue adecuadamente las recomendaciones posteriores al tratamiento (evitar manipular la zona, acostarse o inclinarse; no hacer movimientos bruscos ni realizar actividades intensas durante las horas siguientes a la aplicación del bótox, etc.).
En todos los casos, la cantidad de toxina botulínica que llega al músculo “equivocado” es muy pequeña, así que lo habitual es esperar a que desaparezca el efecto “paralizante” (entre dos y cuatro semanas, como media).
Cuando se produce este efecto secundario, y si el hecho de tener el párpado caído resulta muy incapacitante, el especialista puede recetar la aplicación de unas gotas específicas para mejorar la condición del párpado y aliviar las molestias que puede producir.
